Una nueva aproximación al pasado. De Purgatorius a Lucy. Un escueto esquema/resumen
"Mírale allí, sentado sobre el lodo,
mirando sus manos, sus dedos rudos,
sintiendo el latir de la sangre,
el eco de la selva en sus sienes.
Es el mismo de ayer, y sin embargo,
algo ha cambiado en su pupila:
ya no solo mira, ahora ve.
Lleva el peso de todos los que fueron
y el germen de todos los que vendrán." José Hierro “El primer hombre”
Hay en paleoantropología un factor clave
para añadir una rama al árbol de los homínidos de la que, hasta el momento,
somos la culminación, se trata del inicio del bipedismo y esa rama lleva a los homininos.
Hasta el momento se ha impuesto una teoría
sobre la primera especie en “erguirse a dos patas”, suponiendo como principio
de esa carrera evolutiva al Sahelanthropus
Chadensis (de entre 7 y 6 millones de años de antigüedad), para lo cual se
cuenta con la evidencia de un cráneo completo encontrado, en el que se aprecia
que la base del cráneo (foramen magnum) está orientada hacia abajo, rasgo que
hace presuponer que ya caminaba con la cabeza erguida al sugerir ese indicio
que la columna vertebral se situaba en la vertical.
Al no haber otra evidencia más clara de ese
bipedismo (como algún hueso de la pierna por ejemplo), existe el debate de que
otro fósil algo más completo, del que se han hallado huesos de las extremidades
(fémur) perteneciente a un individuo al que se llama Orrorin Tugenensis, es el más indicado para ganarse el privilegio de
primer hominino, siendo el único con evidencias mecánicas de bipedismo, al mostrar
el fémur encontrado características que sólo presentan seres que caminan de
manera bípeda, datándose con una antigüedad de entre 6’1 y 5’7 millones de
años.
Sea quien fuere el primer ancestro hominino
que tengamos (Sahelantropus u Orrorin) o del que se pueda encontrar registro
fósil, lo que sabemos a ciencia cierta es que el único animal perteneciente a
este grupo que sobrevive hoy en día es el homo sapiens (es decir, nosotros),
siendo lo más cercano que tenemos en esa evolución de los homínidos a
chimpancés y bonobos (subtribu paninos), junto a los que formamos la tribu
hominini, los cuales siguieron un camino evolutivo diferente al no desarrollar
ese citado bipedismo constante, ni nuestras adaptaciones craneales o pélvicas.
Se reconocen actualmente unas 20 a 25 especies de homininos, divididas en
bloques según antigüedad y rasgos:
-
Homininos
basales, con antigüedad de entre 7 y 4’4 millones de años, tales como
Sahelanthropus, Orrorin o Ardipithecus.
-
Australopoitecinos,
con antigüedad de entre 4’2 y 2 millones de años, que engloba a los
Australopithecus Afarensis, A. Africanus, A. Anamensis, A. Sediba…
-
Parántropos,
con antigüedad de entre 2’7 a 1 millón de años, compuesto por Paranthropus
Aethiopicus, Boisei y Robustus.
-
Género
Homo, datado desde aproximadamente 2’4 millones de años hasta hoy, que
integran Homo Habilis, H. Erectus, H. Ergaster, H. Heidelbergensis,
H. Neanderthalensis, H. Floresiensis (el también conocido
como "hobbit"), Homo Naledi
y, finalmente, nosotros: Homo Sapiens.
Determinar con exactitud el número de
especies es imposible al estar en continua discusión por los hallazgos que se
encuentran a medida que pasa el tiempo y los avances técnicos que se suceden, discutiéndose
a menudo si los fósiles encontrados son nuevas especies o subespecies dentro de
la misma, tal y como sucedió con el Denisovano por ejemplo.
Previo a esta separación que conduce
directamente a nosotros, nos encontramos con los denominados simios primitivos, ancestros comunes de
chimpancés, gorilas y humanos. Todos eran cuadrúpedos o braquiadores y, hace
unos 20 a 25 millones de años, el registro fósil empieza a evidenciar rastros
de pérdida de vértebras caudales (cola), situándose ahí el inicio de los homínidos,
de entre los cuales los llamados Proconsúlidos
son los primeros dentro del registro fósil en datarse, hace entre 23 y 14
millones de años. Hace unos 13 a 7 millones de años, los simios migraron al
norte gracias a los puentes que se originaron debido a cambios climáticos (por
el actual Mediterráneo), apareciendo en Europa los Driopitecinos, a partir de los que se piensa que surgieron los ancestros
de los grandes simios africanos como gorilas o chimpancés y de los homininos
(éstos últimos surgidos tras volver a África debido al clima, cruzando de nuevo
el Tetis o Mediterráneo). Hacia Asia se extendieron, hace aproximadamente unos
12 a 8 millones de años, los Sivapitecinos,
rama que nada tiene que ver con la nuestra y de la que surgen los orangutanes.
Pero antes de deshacernos de ese apéndice
caudal o cola, engalanados con ese rasgo primitivo encontramos aún a los
primeros antropoides o primates superiores. Oligopitecidos y Parapitecidos
son los previos a los ya citados simios primitivos, datados hace unos 34 a 30
millones de años. Pequeños como un gato, estaban adaptados a vivir en los
árboles. Previo a estos antropoides, hace entre 55 y 40 millones de años se
piensa que está el origen de los ancestros de los simios, pero curiosamente lo
sitúan fuera de África, en Asia, siendo los Eocénidos quienes ostentan ese honor, para posteriormente migrar a
África, empezando a contar con rasgos como caras más chatas y ojos más
frontales. Nos tenemos que ir más hacia atrás, al Eoceno temprano, hace 55
millones de años, para encontrar la división principal de todos los primates,
se trata de Adápidos, animales parecidos
a los lémures y Omomíidos, animales nocturnos
con enormes ojos de los que se piensa que surgimos nosotros y todos los simios.
En la base de todo este arbusto intricado,
encontramos hace unos 65 millones de años a un superviviente de la extinción Cretácico/Terciario,
la que terminó con todos los dinosaurios no avianos, llamado Purgatorius. Se trata del miembro más antiguo del grupo de
los plesiadapiformes o primates arcaicos, un mamífero arborícola insectívoro (o
más bien omnívoro), semejante a una ardilla, cuyos dientes revelan que es el
ancestro más lejano de todos los primates.
Pero si hoy somos la única especie de esa
rama es por una azarosa combinación de factores, que se aliaron a nuestro favor
y el clima juega un papel director en todo el escenario. Con el Sapiens
convivieron otras ocho especies. Incluso cuando el volcán indonesio Toba hizo
erupción, esas especies, aunque debilitadas, siguieron persistiendo, pudiendo
cambiar las reglas para dar como vencedor evolutivo a homo sapiens gracias a su
flexibilidad y penalizando la especialización de otros. Denisovanos,
Neandertales y Floresiensis fueron los últimos en convivir con nuestra especie
hasta dejarnos solos hace unos 40.000 años (fecha de datación del último
Neanderthal), pero las dataciones están en continuo estudio y diferentes
hallazgos pueden cambiar la cronología (se estima que Denisovanos pudieron
sobrevivir en algunos territorios de Asia hasta hace 25.000 años, e incluso
hasta 2016, se estimaba la desaparición del Homo Floresiensis hace 12.000 años,
corrigiendo ese presunto error para datarlo en hace 50.000). Por qué somos
todos Sapiens si finamente conocemos que, dentro de nuestra estructura genética,
portamos genes de Neanderthal (en Europa) y de Denisovano (en Asia), lo que nos
da a entender que pudieron reproducirse e incluso tener hijos fértiles
contraviniendo la definición que la biología otorga a “especie”, es una
cuestión que me viene a la cabeza cuando rasgo la superficie del conocimiento
en paleoantropología. Pero hubo un aislamiento genético prolongado entre estas
especies, su morfología, evidenciada por los restos esqueléticos, difería en
ciertos aspectos, y el linaje genético también tenía diferencias. Igual en un
centenar de años nos dicen que todos éramos los mismos, unificando tantas
especies del género homo en una, pero hoy día, las evidencias han hecho llegar
al consenso de que la realidad es esta. Seguimos siendo primates aunque, salvo
nuestra especie, hoy día el resto de primates presentan pulgares oponibles no
solo en las manos, sino también en los pies.
Recapitulando:
La primera gran división de los primates
verdaderos surgió hace entre 90 y 55 millones de años, bifurcándose entre Estrepsirrinos, de labio superior
dividido y nariz húmeda como los lémures, y los Haplorrinos, con labio superior móvil, que dota de mayor
expresividad. De estos últimos surgen los monos
tarseros (nocturnos y de cola larga), los platirrinos (monos americanos) y los catarrinos, que incluyen a los cercopitecoideos o monos del viejo
mundo (macacos, papiones, mandriles) y a los hominoideos (muy
abundantes por aquel entonces, y que hoy incluye a chimpancés, gorilas,
orangutanes, gibones y humanos). No es que vengamos de los simios, sino que
somos una rama más de esa familia, compartimos el hecho de ser mamíferos visuales,
estar dotados de inteligencia, de hábitos diurnos, arborícolas habitantes de
bosques húmedos y tropicales… Bueno, esto último es una anomalía nuestra, ya
que dejamos los hábitos arborícolas desde que desarrollamos el bipedismo y
comenzó a reducirse la selva, y nos hemos adaptado a los hábitats cambiantes
habidos durante estos últimos 4 millones de años aproximadamente para llegar a
habitar todo tipo de climas.
Como hemos dicho antes, los hominoideos
surgen hace unos 23 millones de años, expandiéndose hacia Eurasia cuando se
cerró el llamado mar de Tetis, aprovechando ese puente para su expansión hace entre 17 y 15 millones de
años donde los Proconsúlidos se expandieron por Eurasia. La diversidad de especies de homínidos que se produjo
en esos millones de años, entre los que conocemos ya a los Driopitecinos,
Anadoluvius o Graecopithecus, comienza un declive hace unos 10 millones de años,
desapareciendo la mayor parte de las especies hace unos 7 millones de años, seguramente causado por cambios climáticos y
pérdida de hábitat derivada de los mismos, además de por la competencia con los
llamados monos del viejo mundo (cercopitecoideos). El clima empuja a estas
especies supervivientes a volver a África con el nuevo puente al cerrarse una
vez más el mar de Tetis. Allí el Sahelantrophus comienza a erguirse,
especializándose en el bipedismo los Australopitecinos. En Asia sobrevivieron
los ancestros de orangutanes y gibones (donde persistió la selva); en África,
concretamente en el cinturón ecuatorial del centro, persistieron gorilas y
chimpancés y en el Este de África, los primeros homininos se aventuraron a las
sabanas abiertas al reducirse las selvas.
Todo esto está sujeto a cambios y
actualizaciones. Si provenimos de África o no es un episodio que, aunque esté
escrito desde hace millones de años, aún no hemos podido recuperar el soporte
donde viene detallado, pese a que las evidencias hasta hoy encontradas nos
indican ese origen. Hay descubrimientos en Europa que parecen apuntar a que un
grupo de simios tenían origen mediterráneo, concretamente el citado Anadoluvius
hallado en Turquía y datado en 8’7 millones de años, o los ya controvertidos
fósiles de Ouranopithecus o Graecopithecus de Grecia. De momento se sugiere que
ese ancestro pudo migrar a África y allí es donde se dividió dando lugar a
Australopitecinos y al género Homo. Pero esto está aún por escribir, aunque la
genética ha puesto los cimientos sobre esta idea, con la llamada Eva
mitocondrial, datando de entre hace 200.000 y 150.000 años el ancestro común en
África. El ADN mitocondrial es, en resumen, lo que confirma que, tras millones
de años de idas y venidas de distintos homínidos por Europa y Asia, el grupo
del que todos procedemos estaba en África
cuando dio el paso definitivo hacia el Homo
sapiens.
Decía Karl Poper: "La ciencia es la única actividad humana en la que los errores se
critican sistemáticamente y, con el tiempo, se corrigen".

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