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Mostrando las entradas etiquetadas como cordillera cantábrica

SEPTIEMBRE

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      Mediada la tarde detengo mi paseo para ver de nuevo al gato en su entorno, patrullando a sus anchas el prado o descansando. No sé si me ve y me ignora, o si mi sigilo y ubicación me hacen invisible, pero a unos veinte metros de mí puedo verle sentado, con aparente indiferencia, hasta que se levanta con toda calma y sale de la sombra que le cobija, moviéndose hacia el césped irradiado por un sol tardío que ya va declinando hacia el horizonte. Se detiene a pocos metros iluminado por el oro viejo del atardecer, queda inmóvil con una de sus patas doblada hacia arriba y el único y suave movimiento pendular de su cola. Acto seguido realiza un movimiento súbito hacia delante con un salto y cae revolcándose sobre la hierba. Aún tumbado levanta su cabeza de manera tímida, fija su mirada hacia un lado y otro con cierto aire de resignación comprobando que nadie ha visto su fallo, se levanta y, como si nada hubiera sucedido, echa a andar nuevamente hacia la sombra que dibu...

SOLEDADES. Segundo día

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      El bosque se cierra a mi paso. Atrás dejé los prados y al gato montés llenando con su presencia el paisaje. Los frutos del otoño empiezan a imponer sus aromas y colores al paisaje, pero en el bosque todo es penumbra, sólo el arroyo rompe el silencio con sus pequeños saltos y jugueteos. Descubro allí una huella que inunda el bosque y le da vida. El oso anduvo por él.      No es una huella cualquiera. Es una traza ancha, profunda, con su contorno bien dibujado en la tierra húmeda tras las lluvias que han acudido estos días para despedir llorando al verano. Detengo mis pasos. El silencio del hayedo cobra ahora otro significado: ya no es una quietud vacía, se percibe el respeto reverencial que el bosque profesa a su rey. Porque el bosque aquí no es un conjunto de árboles, no; el bosque es todo aquello que cobija la arboleda. Es la vida que atesora un entorno en el que no soy bienvenido. Miro a mi alrededor a sabiendas de que no voy a ver al pl...

SOLEDADES. Primer día

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      El verano empieza a mostrar fatiga. Los frutos otoñales ya despuntan en las ramas y la fauna asociada se empieza a mostrar tras un verano tórrido donde la gente ha llenado muchos de los parajes naturales que cobijan a nuestra fauna. Hoy, último día de agosto, la montaña parece haber recuperado la normalidad que perdió durante los meses del estío. Hoy no he encontrado ninguna masa humana recorriendo los senderos, atascando los accesos a espacios protegidos o lugares de interés natural o paisajístico. Estoy solo, disfrutando de un aislamiento buscado para poder concentrarme en lo que me dice la naturaleza, no en el ruido de la masa vulgarizando el entorno.     No es malo que el ser humano se interese por el medio natural, que quiera escapar de sus entornos urbanos para perderse entre la arboleda o recorriendo el pequeño sendero que va en paralelo al arroyo. Es una conducta que nos debe de hacer reaccionar para crear en nuestros entornos más próxi...

Una jornada por los prados

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  "La flor del narciso mira al estanque, se mira a sí misma con ojos de oro; el agua suspira, se agita y se escapa, mientras la flor se deshace en su lloro. Así es mi amor, que a tu alma se asoma, buscando el reflejo que nunca me das; tú fluyes constante, belleza de hielo, y yo, exánime y solo, me quedo detrás. ¡Qué tarde ha llegado este brillo a mi vida! ¿De qué sirve el oro si el tallo está roto? Me asedia la sombra de tu amor esquivo, narciso que muere en un mundo remoto." Henrich Heine       Con las primeras luces del día, en el prado que colinda la casa y asomado a través de la ventana, veo picotear en la hierba a dos camachuelos y un jilguero. Bajo corriendo (es un decir) a por la cámara y, ya pertrechado con ella, observo que aún siguen afanados en su sustento cuando, con toda cautela y sigilo, trato de abrir la ventana. Al asomarme de nuevo, ya con la cámara y oculto tras el muro, han desaparecido. Aguardo unos minutos, pero no regresan. ...

Minutos mágicos con el fantasma del bosque. Nuestro Gato Montés

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      Época de siega en la montaña palentina, el silencio habitual se transforma en ruido de motores que regresan al pequeño núcleo poblacional tras su trasiego en los prados, donde la espesa y alta gramínea y el cereal han sido dejados al ras, apareciendo grandes rulos dorados salpicados por todo el terreno. Algo, no obstante, se mueve con sigilo en el prado cuando ya no hay rastro del humano en el entorno. A paso lento, con la mirada fija en un punto, mueve sus patas dejando casi inmóvil el cuerpo hasta un momento en el que ambas patas traseras se alinean y salta súbitamente hasta aterrizar con las extremidades delanteras sobre el suelo y dejar su hocico pegado al pasto recién cortado. Se detiene el tiempo unos segundos y el animal vuelve a levantar la cabeza, mira a ambos lados y, muy despacio, como una toma de cámara lenta, inicia otro movimiento para sentarse. Es el gato montés y su víctima iba a ser un roedor que supo burlar a la muerte en esta ocasión. ...

Nuevo año, nuevas circunstancias, nuevos planes

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        “Si los tiempos son difíciles y nubes negras oscurecen el sol, cuando el juego es duro y te sientes como fuera del mismo, confía en tu fuerza y en tu pasión, deja tu dolor en el camino, escucha la voz profunda de tu corazón que te guiará, cree en tu fuego!” Tumbling weed,   (Plan B (believe in your fire)     Fragmento toscamente traducido por mí de una canción que llevo muchos años escuchando mientras veo videos promocionales con el resumen de una prueba deportiva que se celebra en los Alpes, donde deportistas de todo el mundo cruzan la cordillera corriendo durante 7 días, y que hace muchos años, cuando no había tantas “nubes negras oscureciendo el sol” que debiera iluminar mis pasos, era un reto que residía en mi mente, donde cobraba vida junto a otros muchos. En otra traducción libre, el estribillo continúa añadiendo que “ese fuego que a veces te daña, lo verás iluminando el sendero hacia un plan B”.     Eran imág...

Cervus Elaphus

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      Primeros de octubre en la montaña palentina, ya lleva varias semanas instalado el otoño aunque aún el arbolado caducifolio no lo llega a manifestar de manera visual, pero el clima va estimulando a la estación con sus primeras heladas matinales y las abundantes lluvias con las que contamos este año.     En ciertos lugares los paseos montañeros van acompañados, sobre todo en horas alejadas a las centrales del día, del clamor de la berrea. Los machos de ciervo común pugnan por la supervivencia de sus genes, en principio imponiendo su vozarrón, para hacerse con el harén de hembras que lleve a buen fin su impronta en los desvalidos cervatillos que nacerán ya en primavera. Si eso no ahuyenta a quienes opten por cortejar al mismo grupo de ciervas, la exhibición de la cuerna hará que el incauto invasor de su territorio desista al verse más débil que el dueño de esos pagos. Pero no siempre eso funciona cuando el que quiere optar al mismo harén se ve con...

El duende del bosque

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      “La conservación de los recursos naturales es el problema fundamental. A menos que resolvamos ese problema, nos servirá de poco resolver todos los demás”. T. Roosevelt.            No queda mucho ya para que empecemos a escuchar en el bosque unos roncos ladridos que muchos asociarán a algún perro que esté por ahí deambulando. Esa ladra es para el verano lo que la berrea es para el otoño, el pistoletazo de salida para la estación estival dando fin a la primavera. Aunque es frecuente escuchar en cualquier época ese ladrido peculiar, ya que es su voz de alarma (tanto de machos como de hembras) que, cuando lo escuchas, puedes estar casi seguro que es motivada por tu presencia. Pero aún estamos empezando la primavera y es la época en la que la hembra del corzo da a luz a los pequeños corcinos, habitualmente dos, tal y como se especifica en la enciclopedia de la fauna de Félix Rodríguez de la Fuente, siendo raros los partos triples o ...

¡What a wonderful world!

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Simplemente eso: https://clipchamp.com/watch/xadSOUYRLui  

20 segundos. Historia detrás de una fotografía.

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      Es una foto más, en poco difiere de otras muchas que tengo o que ese mismo día he sacado. El trasfondo es un bosque otoñal, un arroyo y el atardecer. Pero tras ese encuadre hay una historia que dura los 20 segundos en los que el obturador estaba abierto para capturar toda la luz que me interesaba y darle al arroyo ese toque algodonoso que tan vistoso queda.     Algo se escucha tras de mí mientras coloco la cámara en la posición que creo adecuada. Estoy rodeado de un inmenso bosque: el monte Hijedo. Todo lo que me envuelve son hayas, robles, avellanos, acebos o tejos, bajo los cuales hay un fondo arbustivo de lo más variado, incluso en los recodos donde el hayedo no ha ocultado totalmente la luz del sol y el sotobosque ha podido prosperar. El arroyo, pese a las lluvias que en toda España han estado cayendo sin cesar estas semanas, no trae el caudal que yo pensaba, asemejándose más al de principios de otoño, antes de que las lluvias lo alimenten....