Una jornada por los prados
"La flor del narciso mira al estanque, se mira a sí misma con ojos de oro; el agua suspira, se agita y se escapa, mientras la flor se deshace en su lloro. Así es mi amor, que a tu alma se asoma, buscando el reflejo que nunca me das; tú fluyes constante, belleza de hielo, y yo, exánime y solo, me quedo detrás. ¡Qué tarde ha llegado este brillo a mi vida! ¿De qué sirve el oro si el tallo está roto? Me asedia la sombra de tu amor esquivo, narciso que muere en un mundo remoto." Henrich Heine Con las primeras luces del día, en el prado que colinda la casa y asomado a través de la ventana, veo picotear en la hierba a dos camachuelos y un jilguero. Bajo corriendo (es un decir) a por la cámara y, ya pertrechado con ella, observo que aún siguen afanados en su sustento cuando, con toda cautela y sigilo, trato de abrir la ventana. Al asomarme de nuevo, ya con la cámara y oculto tras el muro, han desaparecido. Aguardo unos minutos, pero no regresan. ...