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Mostrando las entradas etiquetadas como fauna

SOLEDADES. Segundo día

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      El bosque se cierra a mi paso. Atrás dejé los prados y al gato montés llenando con su presencia el paisaje. Los frutos del otoño empiezan a imponer sus aromas y colores al paisaje, pero en el bosque todo es penumbra, sólo el arroyo rompe el silencio con sus pequeños saltos y jugueteos. Descubro allí una huella que inunda el bosque y le da vida. El oso anduvo por él.      No es una huella cualquiera. Es una traza ancha, profunda, con su contorno bien dibujado en la tierra húmeda tras las lluvias que han acudido estos días para despedir llorando al verano. Detengo mis pasos. El silencio del hayedo cobra ahora otro significado: ya no es una quietud vacía, se percibe el respeto reverencial que el bosque profesa a su rey. Porque el bosque aquí no es un conjunto de árboles, no; el bosque es todo aquello que cobija la arboleda. Es la vida que atesora un entorno en el que no soy bienvenido. Miro a mi alrededor a sabiendas de que no voy a ver al pl...

QUIÉN DIJO MIEDO...

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    «Los grandes depredadores gobiernan los ecosistemas no solo a través de sus dientes mediante la depredación directa, sino también a través de las sombras que proyectan en la mente de sus presas en forma de miedo». William J. Ripple, principal investigador sobre los efectos de la reintroducción del lobo gris en Yellowstone.     La relación humano/animal está basada en el miedo. Cada encuentro fortuito que tengo con la fauna salvaje del entorno por el que me muevo, recibe como respuesta un comportamiento de huida por parte del animal salvaje. Y en alguna ocasión un gran susto por mi parte. Tan solo en las extrañas circunstancias en las que ese encuentro fortuito es percibido antes por mí que por el animal en cuestión, es cuando he podido admirar, en esos breves instantes previos a ser descubierto, esa interacción natural con el medio que mantiene el habitante salvaje de nuestra fauna.     No hace mucho, el zorro que astutamente campea por los prados y bos...

Una jornada por los prados

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  "La flor del narciso mira al estanque, se mira a sí misma con ojos de oro; el agua suspira, se agita y se escapa, mientras la flor se deshace en su lloro. Así es mi amor, que a tu alma se asoma, buscando el reflejo que nunca me das; tú fluyes constante, belleza de hielo, y yo, exánime y solo, me quedo detrás. ¡Qué tarde ha llegado este brillo a mi vida! ¿De qué sirve el oro si el tallo está roto? Me asedia la sombra de tu amor esquivo, narciso que muere en un mundo remoto." Henrich Heine       Con las primeras luces del día, en el prado que colinda la casa y asomado a través de la ventana, veo picotear en la hierba a dos camachuelos y un jilguero. Bajo corriendo (es un decir) a por la cámara y, ya pertrechado con ella, observo que aún siguen afanados en su sustento cuando, con toda cautela y sigilo, trato de abrir la ventana. Al asomarme de nuevo, ya con la cámara y oculto tras el muro, han desaparecido. Aguardo unos minutos, pero no regresan. ...

La mirada salvaje de la naturaleza

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    " Era la sabiduría magistral e incomunicable de la eternidad riéndose de la futilidad de la vida y del esfuerzo de vivir. Era lo Salvaje, lo salvaje del Norte de corazón helado ". Jack London     Allí está, posado en una rama del enorme cedro del Líbano del Campo Grande. Fija con desdén su mirada en mi silueta lejana, mientras trato de captar en mi cámara fotográfica su figura con las últimas luces de la tarde. En seguida vuelve a su duerme/vela, entornando nuevamente los espejos del alma, que cesan su centelleo, y que sólo abre cuando escucha el aleteo de una bandada de palomas que huyen asustadas de algo que yo no percibo, para nuevamente cerrarlos y volver a su descanso. Quién me iba a decir que iba a poder ver, y además fotografiar, a tan espectacular ave en un parque urbano de mi ciudad.     Desde la distancia y con las sombras ya cerniéndose, no pude ver la mirada del ave hasta que no revelé los raw de mi tarjeta. Sus ojos rojos fijo...

Minutos mágicos con el fantasma del bosque. Nuestro Gato Montés

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      Época de siega en la montaña palentina, el silencio habitual se transforma en ruido de motores que regresan al pequeño núcleo poblacional tras su trasiego en los prados, donde la espesa y alta gramínea y el cereal han sido dejados al ras, apareciendo grandes rulos dorados salpicados por todo el terreno. Algo, no obstante, se mueve con sigilo en el prado cuando ya no hay rastro del humano en el entorno. A paso lento, con la mirada fija en un punto, mueve sus patas dejando casi inmóvil el cuerpo hasta un momento en el que ambas patas traseras se alinean y salta súbitamente hasta aterrizar con las extremidades delanteras sobre el suelo y dejar su hocico pegado al pasto recién cortado. Se detiene el tiempo unos segundos y el animal vuelve a levantar la cabeza, mira a ambos lados y, muy despacio, como una toma de cámara lenta, inicia otro movimiento para sentarse. Es el gato montés y su víctima iba a ser un roedor que supo burlar a la muerte en esta ocasión. ...

De enemigos, odios, polarizaciones y sus inocentes víctimas

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       En su libro sobre el lobo ibérico, un referente para cualquier naturalista o aficionado al medio natural, Ramón Grande del Brío desgrana, entre otras cosas, las perspectivas de futuro para el lobo con pesimismo. Alude a la humanización   y a la antropogenización de los paisajes como factores incompatibles con la supervivencia de especies salvajes, pero no olvida los postulados filosóficos por los que se guía la sociedad industrial a la hora de plantearse dicha conservación de la fauna. Ejemplifica esto último con los fundamentos de que “tienden a considerar legítimo como logro el ajardinamiento o artificialización del entorno, sin conocer siquiera una de las reglas más elementales de la ecología, que proscribe la manipulación del mismo. La naturaleza guarda sus propias reglas y, desde luego, en palabras de Bacon, <<se la domina obedeciéndola>>”. No olvida en ese mismo capítulo de su libro el problema de los vallados: “el simple hecho de que ex...

Habituados a nosotros

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      Nos movemos ajenos al medio natural, al planeta, sin ser conscientes de que no somos otra cosa que parte del mismo, un complemento de la naturaleza que ha ido evolucionando hasta convertirse en el monstruo que hoy somos. Somos ese dragón que va creciendo dentro de una cueva hasta que la gruta se va quedando cada vez más pequeña, no por la oquedad en sí, que permanece igual que al principio, sino por el desmesurado crecimiento del dragón que cobija. Llegará un momento, ya no estamos lejos, en el que creceremos tanto como dragón, que la cueva no podrá guarecernos y reventará ante semejante empuje, enterrándonos bajo toneladas de roca que hemos ido poco a poco desgajando desde el interior para abrirnos hueco mientras seguíamos creciendo sin control.     La naturaleza no es una creación divina instaurada para nuestro goce y disfrute, es algo que ha evolucionado junto a nosotros y que hemos ido modificando, domesticando incluso, con el fin de facili...

Cervus Elaphus

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      Primeros de octubre en la montaña palentina, ya lleva varias semanas instalado el otoño aunque aún el arbolado caducifolio no lo llega a manifestar de manera visual, pero el clima va estimulando a la estación con sus primeras heladas matinales y las abundantes lluvias con las que contamos este año.     En ciertos lugares los paseos montañeros van acompañados, sobre todo en horas alejadas a las centrales del día, del clamor de la berrea. Los machos de ciervo común pugnan por la supervivencia de sus genes, en principio imponiendo su vozarrón, para hacerse con el harén de hembras que lleve a buen fin su impronta en los desvalidos cervatillos que nacerán ya en primavera. Si eso no ahuyenta a quienes opten por cortejar al mismo grupo de ciervas, la exhibición de la cuerna hará que el incauto invasor de su territorio desista al verse más débil que el dueño de esos pagos. Pero no siempre eso funciona cuando el que quiere optar al mismo harén se ve con...

Primeros ecos del otoño en la montaña

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      Día gris con fina llovizna y viento, la temperatura ha descendido notablemente en pocos días tras el sofocante verano, aunque aún estamos inmersos en esa estación ya que no llega a cumplirse la primera quincena de septiembre. Los prados lucen con un tapiz de flores moradas, son los "quitameriendas" (colchicum montanum)  típicos de la estación que se anuncia.     Nada me augura que tan pronto pueda escuchar a la montaña despedir el verano, me aúpo por la pista hacia el valle contiguo desde el que ahora domino un extenso paisaje de cumbres de la media montaña palentina, salpicadas de frondosos valles entre cordal y cordal hasta que la muralla de peña labra y tres mares cierra el horizonte a más de dos mil metros de altura, ya cubiertos por las nubes. Y ahí está el sonido más salvaje emergiendo del bosque que queda frente a mí: un lejano berrido que encuentra respuesta no muy lejos de donde yo me encuentro. ¡Ha comenzado la berrea del ciervo!...