bienvenida de nuevo, primavera!
Hoy he escuchado trisar a la primera golondrina que, con sus alegres notas, parece dar por finalizado el invierno mientras vigila desde el tejado el aparente jugueteo de los colirrojos ejecutando danzas que, en su particular semiótica, no son otra cosa que enfrentamientos territoriales. No voy a permitir hoy que la zoosemiótica se inmiscuya en el ideal tan humano de naturaleza virtuosa, tierna o amable, sólo quiero disfrutar de ello sin pensar, dejarme llevar por la música de la balada sin que la amarga letra me aflija; ya vendrán otros momentos donde la realidad me atormente. Un herrerillo se posa un instante en la aún vacía, pero siempre espinosa, rama del rosal, huyendo enseguida ante el incesante ajetreo de los colirrojos sobrevolando las primeras margaritas y dientes de león que florecen en el prado. El día me invita a acercarme al cielo para despedir la jornada sumergiéndome en el crepúsculo y hacia sus confines me dirijo. Camino por ...