Pre-Primavera

 

"Se apaga el oropel sobre la cumbre,
y el fuego es solo un sueño que se olvida;
la nieve, en su morada mansedumbre,
guarda la nostalgia de la vida.

Los azules avanzan, son legión,
mientas el alma, en este manso duelo,
busca en cada vellón de su ilusión,
un rastro de luz que baje del cielo.

Se funde la quimera en el abismo,
el frío es un abrazo de zafiro,
y el hombre, frente al sol, es él mismo
perdido en el confín de un suspiro." IA

    Han vuelto ya los colirrojos a revolotear por el patio. Primer aviso de que la estación que asociamos con la noche empieza a mostrar las primeras luces del alba. La temperatura asciende, el sol brilla por el día mientras las noches glaciales aún reservan amaneceres cargados de nostalgia invernal.

    Se ven los primeros himenópteros posándose para libar de las pequeñas flores moradas que brotan del césped. Las lagartijas trepan por el muro para ocultarse en cualquier hueco al verme pasear junto a ellas. Un herrerillo me observa con mirada curiosa posado en la rama aún desierta del rosal. Varios carboneros parlotean entre ellos desde la distancia, silbando lo que para mis oídos es sólo música. La vida ha vuelto a la montaña.

    Manadas de ciervos pastan en los húmedos prados. Sorprendo, mientras asciendo en silencio y soledad por la pista, a una hembra de ciervo con su retoño que, al verme tan cerca, emite un sonido de desagrado y se aleja unos metros junto al pequeño cervato para darse ambos la vuelta y seguir con su mirada mis movimientos. Unos pasos que me encaminan a un collado desde el que pretendo que la noche me encuentre. Desde ahí sentado puedo disfrutar un largo rato de sus movimientos hasta que el cielo capta mi atención. Sobre las cumbres nevadas comienza a prenderse el cielo dibujando matices que transforman las altas nubes en plumas de fuego que caen hacia las montañas del horizonte. Son las blancas nieves las que parecen apagar el fuego que cae del firmamento y cambiando los tonos vivos hacia otros púrpuras más apagados. Pero el espectáculo de luz no sólo está en el escenario del sol poniente. Hacia el Este, la bóveda celeste interpreta también su propia función; las nieves del horizonte quebrado adoptan los reflejos cálidos del fuego del Oeste mientras sobre las crestas, el cielo se ruboriza ante la belleza contemplada.

    Y en medio de todo este efímero oropel, descansa una figura nostálgica cuya mente sobrevuela cumbres y valles hasta fundirse con el entorno, en el punto exacto donde la nieve funde los fuegos que declinan desde el firmamento y el telón se abre para descubrir las primeras estrellas que anuncian la inminencia de la noche. Ese punto es el umbral de los sueños, el puente donde lo tangible y lo intangible se acarician un instante hasta que la melancolía borra cada evocación que reside tras esa frontera y te das de bruces contra la realidad que imponen las lóbregas tinieblas. La vida.

    En el valle la noche ya reina mientras, en el cielo, la última llamarada agoniza tratando de encontrar refugio en las nevadas cumbres, donde finalmente se oculta.

    El siguiente episodio lo protagonizarán las primeras golondrinas. Hoy tan solo era el anuncio de la primavera que se avecina, los gorjeos y vuelos de las golondrinas serán lo que la proclame.

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